miércoles, 23 de noviembre de 2011

El estilo indirecto libre

El Estilo Indirecto Libre reproduce la conciencia del personaje a través de un narrador en tercera persona y en pasado, pero respetando, utilizando, o tiñéndose de la voz del personaje (vocabulario, gramática, tono, lógica, etc.) dándole voz directamente y/o quitando las acotaciones (“pensó”, “se dijo”, “se preguntó”, etc.)
De esta manera conseguimos dar la sensación de un acceso íntimo e inmediato a la conciencia del personaje y conservamos las ventajas (y desventajas) de un narrador tradicional.

Ejemplo breve de estilo indirecto libre
Juan estaba agotado y jadeaba; los pensamientos se agolpaban en su mente; no, ya jamás volvería a subir corriendo.

Ejemplo extenso de estilo indirecto libre
La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores. Sí, ya que Lucy tendría trabajo más que suficiente. Había que desmontar las puertas; acudirían los operarios de Rumpelmayer. Y entonces Clarissa Dalloway pensó: qué mañana diáfana, cual regalada a unos niños en la playa.

¡Qué fiesta! ¡Qué aventura! Siempre tuvo esta impresión cuando, con un leve gemido de las bisagras, que ahora le pareció oír, abría de par en par el balcón, en Bourton, y salía al aire libre. ¡Qué fresco, qué calmo, más silencioso que éste, desde luego, era el aire a primera hora de la mañana…!; como el golpe de una ola; como el beso de una ola; fresco y penetrante, y sin embargo (para una muchacha de dieciocho años, que eran los que entones contaba) solemne, con la sensación que la embargaba, mientras estaba en pie ante el balcón abierto, de que algo horroroso estaba a punto de ocurrir; mirando las flores, mirando los árboles con el humo que sinuoso surgía de ellos, y las cornejas alzándose y descendiendo; y lo contempló, en pie, hasta que Peter Walsh dijo: “Meditando entre vegetales” -¿fue eso?-. ·”Prefiero los hombres a las coliflores” -¿fue eso?-. Seguramente lo dijo a la hora del desayuno, una mañana en que ella había salido a la terraza, Peter Walsh. Regresaría de la India cualquiera de estos días, en junio o julio, Clarissa Dalloway lo había olvidado debido a lo aburridas que eran sus cartas: lo que una recordaba eran sus dichos, sus ojos, su cortaplumas, su sonrisa, sus malos humores, y, cuando millones de cosas se habían desvanecido totalmente -¡qué extraño era!-, unas cuantas frases como ésta referente a las verduras.

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